Los japoneses siempre han considerado Hokkaido, la segunda isla más grande, una tierra salvaje. Durante la época feudal se la tenía por una zona baldía, llamada Ezo, y habitada sólo por los ainu. Hoy en día, sus amplios espacios abiertos atraen cada vez a más visitantes, que disfrutan de su naturaleza intacta y sus maravillosos paisajes. Con el mar de Japón en la costa oeste, el océano Pacífico al sudeste, y el mar de Ojotsk al nordeste, la prefectura de Hokkaido representa el 22% del territorio nacional pero sólo vive aquí el 5% de la población.
Aunque el sur de Hokkaido ya fue objeto de solitarias avanzadillas durante la época feudal, la explotación de la isla no comenzó hasta 1859, cuando Acódate pasó a ser uno de los cinco puertos abiertos al comercio extranjero. El desarrollo no comenzó hasta la restauración Meiji de 1868, pero el crecimiento demográfico y económico no despegaron realmente hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando fueron repatriados los millones de japoneses que colonizaron Manchuria tras su ocupación en 1931. la mayoría se asentaron en el sur de Hokkaido, sobre todo en la capital, Sapporo.
La inmensa Hokkaido, parte de ella tan salvaje como para que la recorran osos pardos, es prístina, y posee paisajes asombrosamente bellos dominados por densos bosques, montañas, y lagos, que a menudo ocupan las calderas de los volcanes extinguidos o dormidos. Muchos de sus volcanes son de los más activos de Japón y las abundantes aguas termales que salpican la isla han permitido la construcción de algunos de los mejores onsen del país. El más conocido es Noboribetsu Onsen, a 116 Km. al sudeste de Sapporo. Está dentro del Parque Nacional de Shikotsu-Toya, el más accesible de los diversos parques nacionales de Hokkaido.
El clima de la isla es siberiano, con inviernos largos y fríos, y veranos cortos y frescos. Precisamente la crudeza del invierno ha propiciado que dos de las principales estaciones de esquí de Japón, Furano y Niseko, se encuentran aquí, y ofrecen algunas de las mejores opciones en cuanto a deportes blancos. Son muchos los japoneses que vienen a Hokaido a ver las esculturas de hielo del parque de Odori durante el Festival de la Nieve en febrero. Además, viajar en invierno hasta el remoto puerto de Abashiri, en el nordeste, para observar los bloques de hielo se ha convertido en una actividad muy popular.
Aunque Hokkaido cuenta con carbón y mineral de hierro, e industrias automovilísticas y electrónicas, su prosperidad le viene sobre todo de los recursos forestales y de la agricultura. Es el único lugar de Japón donde verás campos de trigo. También es un gran productor de fruta y leche; de hecho, suministra el 90% de los productos lácteos japoneses. Con ricos bancos de pesca en el litoral y abundantes ríos, la isla es el principal abastecedor de truchas, salmones, cangrejos, vieiras y otros mariscos; y también el mejor lugar donde comerlos.
A Hokkaido se llega en trasbordador desde el norte de Honshu o a través del túnel de Seikan (54 km). Si vienes buscando rasgos culturales típicamente japoneses, te llevarás un chasco. Hay templos y santuarios, pero muchos menos que en cualquier otro lugar.
Viajar por esta isla también es diferente. Las distancias entre los centros de población pueden llegar a ser considerables, y los desplazamientos más largos. Aunque podrás moverte en avión, si piensas explorar la isla en tren necesitarás un pase de descuento. En algunos parques nacionales el transporte entre puntos remotos es bastante escaso, por lo que el coche o la motocicleta son el mejor medio para viajar por la única frontera indómita de Japón.
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