El viaje Tokio-Kioto es la ruta clásica japonesa y el mejor modo de empezar a saborear el país; engloba algunos de los lugares más famosos, sin abarcar demasiado terreno. Quieres viajen a Japón por primera vez y sólo dispongan de una semana, deberían pasar unos días en Tokio experimentando el Japón moderno, y cuatro o cinco en la región de Kansai explorando los centros históricos de Kioto y Nara.
En Tokio conviene centrarse en el aspecto moderno, visitando lugares como Shinjuku, Akihabara y Shibuya. Kioto es ideal para ver el Japón tradicional con atracciones clásicas como Nanzen-ji y el bosque de bambú.
La mejor forma de ir de Tokio a Kioto es en shinkansen (tren de alta velocidad), pues ahorra un tiempo precioso.
Los que disponen de más días suelen quedarse más tiempo en Tokio y Kioto, para luego dirigirse al oeste a través de la isla de Honshú y descender a la de Kyúshú. La ventaja de esta ruta es que puede hacerse en invierno; por su parte Hokkaidó y el norte de Honshú se hallan en pleno invierno entre noviembre y marzo.
Asumiendo que el viajero aterriza en Tokio, puede pasar unos días explorando la ciudad antes de dirigirse a la zona de Kansai, especialmente a Kioto y Nara. De camino puede desviarse a Takayama, accesible desde Nagoya.
Desde Kansai, el shinkansen San-yó va directo a Fukuoka/Hakata, en Kyúshú. Entre los lugares destacados de Kyúshú se cuentan Nagasaki, Kumamoto, maravillas naturales como Aso-san y la ciudad con aguas termales de Beppu.
Lo más rápido para regresar de Kyúshu a Kansai o Tokio es tomar el shinkansen San-yó por la parte del Mar Interior de Honshú occidental, con posibles paradas en Hiroshima y Himeji, población con un castillo famoso. Desde Okayama, resulta fácil acceder a la poco visitada isla de Shikoku. La parte del mar del Japón correspondiente a Honshú occidental recibe menos turistas y es más rural; entre sus atracciones destacan el santuario de Izumo y las pequeñas ciudades de Matsue y Tottori.
Esta ruta permite que el viajero experimente Kioto y/o Tokio y luego saboree la parte salvaje y natural de Japón. Comienza en Kioto o en Tokio, desde donde avanza a las poblaciones de los Alpes Japoneses de Matsumoto y Nagano, bases excelentes para caminar por lugares como Kamikóchi. Desde Nagano se puede ir a Niigata y a la isla de Sado-ga-shima, famosa por sus tambores taiko y su Celebración de la Tierra de agosto. En el lado opuesto de Honshú, la ciudad de Sendai brindará fácil acceso a Matsushima, uno de los enclaves panorámicos más famosos.
Las atracciones principales al norte de Sendai incluyen la pacífica Kinkasan y Tazawa-ko, el lago más profundo de Japón, Morioka, el Parque nacional Towada-Hachimantai y Osore-zan.
El trayecto desde el norte de Honshú a Hokkaidó en tren implica un viaje desde Aomori a través del túnel submarino más largo del mundo, el túnel de Seikan; quienes lleguen por este medio pueden visitar el puerto histórico de Hakodate y comer buen pescado. Para los que tengan poco tiempo, Sapporo es una buena base para ver Otaru, el Parque Nacional Shikotsu-Tóya y Biei, con acceso bastante sencillo; y está muy animado durante la Yuki Matsuri (Fiesta de la nieve).
Los auténticos tesoros de Hokkaidó son sus parques nacionales, aunque requieren más tiempo o transporte propio. Si se cuenta sólo con tres o cuatro días se puede visitar el Parque Nacional Shiretoko y el Parque Nacional Akan. Quienes dispongan al menos de una semana pueden dirigirse al Parque Nacional Daisetsuzan. Otros destinos lejanos pero gratificantes son las bellas islas de Rebun-tó y Rishiri-tó.
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