Shinjuku significa “posada nueva” y proviene de las tabernas que florecieron en este lugar a finales del S. XVII, cuando la zona se convirtió en la posta más cercana a Edo a lo largo de la carretera que iba a los Alpes japoneses. La localidad creció rápidamente y llegó a incluir un enorme distrito de ocio ilícito, que todavía continúa activo. La renovación le llegó con la construcción del edificio de la estación de Shinjuki en 1885. Menos dañado que otras zonas tras el terremoto de 1923, Shinjuku se convirtió en el centro de Tokio.
Tras los Juegos Olímpicos de 1964, Shinjuku despegó, convirtiéndose en el nuevo corazón de Tokio. Empezando por el hotel Keio Plaza, inaugurado en 1972, en el lado oeste de Shinjuku creció una selva de rascacielos. El edificio de la Oficina del Gobierno Metropolitano de Tokio, obra de Tange Kenza, se convirtió en 1991 en su colosal pieza central. Mediante una combinación de hoteles de lujo, edificios oficiales, zonas comerciales, un magnífico parque y un distrito de ocio, el maravilloso eclecticismo de Shinjuku es arquetípicamente japonés.
Ikebukuro, al norte de Shinjuku, es otra de las zonas que han crecido al amparo de una gran estación. Su distrito de ocio es un pariente pobre del Kabuki-cho. Aunque desprovisto de atractivos, Ikebukuro es el paraíso de las compras y de los eventos culturales.
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