La colina de Ueno (ahora el parque Ueno-koen), salpicada de santuarios y templos erigidos por los shogunes Tokugawa y famosa por sus cerezos, fue el lugar favorito de la aristocracia para disfrutar del hanami: observar los cerezos en flor. La colina, donde tuvo lugar la única batalla importante contra la restauración Meiji, fue el baluarte de unos 2.000 lealistas Tokugawa, aplastados por el primer ejército moderno del país en 1867. Antes de huir, los supervivientes incendiaron los edificios del compejo del templo Kanei-ji a fin de que no los utilizaran los conquistadores, pero afortunadamente se olvidaron del santuario Tosho-gu, dedicado al mismísimo Tokugawa Ieyasu.
La colina se convirtió en el primero parque público de Tokio en 1873, y se utilizó para celebrar exposiciones populares nacionales; la galería de arte de la segunda exposición de 1892, ocupó el lugar del actual Museo Nacional de Tokio.
En el parque Ueno-koen, además de museos muy importantes podrás visitar el santuario Tosho-gu, varios templos, el zoológico de Ueno y el estanque Shinobazu, especialmente agradable en verano, pero las zonas verdes están fragmentadas y descuidadas. De hecho, este parque contiene, como todo el distrito, una mezcla de cosas antiguas y venerables junto con otras no tan antiguas y algo dejadas.
Con la llegada del ferrocarril, a principios del S. XX, Ueno, y sobre todo su estación, adquirió una gran importancia como puerta de entrada al norte de Japón. Tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, la zona de la estación se convirtió en refugio para muchos, que se protegieron bajo las vías elevadas. Durante la década de 1950, la zona atrajo a muchos granjeros pobres procedentes del norte de Honshu, que en invierno abandonaban sus campos nevados para buscar trabajo en Tokio, a menudo en vano. Aunque más tarde, la prosperidad de Thoku redujo su número, la zona de Ueno sigue siendo la favorita de los sin techo.
Muchos de los que se acercan a Ueno son visitantes de un solo día o viajeros ocasionales, y por eso la zona está repleta de grandes almacenes y productos que se ajustan a todos los bolsillos. El distrito incluye una sórdida aunque animada área de ocio, y algunos de los restaurantes y tiendas antiguas, que hacen de Ueno uno de los rincones más fascinantes de Tokio, están arracimados en las calles por debajo del parque. A menos de 20 minutos de Ginza tomando el metro en Hibiya o Ginza, llegarás a una de las zonas de mayor contraste respecto al lujo de este distrito: el mercado de Ameyoki, junto a la estación de Ueno, un legado del mercado negro que floreció después de la guerra. El nombre es una contracción de Ameya-yokocho (callejón de los Dulces), por los puestos de dulces que solían servir de tapadera a las mercancías (sobre todos procedentes de Estados Unidos) que vendían los estraperlistas.
Mercado Ameyoko
Éste es el mercado más animado de Tokio y el último que todavía mantiene algo de sabor de los bazares asiáticos. En los puestos se venden pantalones tejanos de todas las marcas y formas, camisas hawaianas, cazadoras de cuero, bolsos y zapatillas deportivas, junto a calamares secos y copos de bonito, comestibles y pescado fresco. Los precios de las prendas de marca son los mismos que en otros sitios, pero los chollos y descuentos abundan en todo lo demás.
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