En la época bizantina hubo un palacio en el lugar que ahora ocupa la mezquita Azul (Sultan Ahmet Camii o mezquita del sultan Ahmet), cuya construcción se debe al sultan del mismo nombre (1603-1617), quien se empeñó en levantar una mezquita que rivalizara con los logros de Justiniano e incluso que los sobrepasara. La mezquita Azul es un verdadero prodigio de armonía, proporción y elegancia, y su arquitecto Mehmet Aga, consiguió en su aspecto exterior ese encanto visual que Santa Sofía posee en su interior. El “azul” del nombre de la mezquita procede de los azulejos de Iznik que cubren los muros, en especial los de la galería, por desgracia cerrada al público.
La mezquita Azul es una atracción turística tan popular que la entrada está controlada a fin de preservar su atmósfera sagrada. Así, solamente los creyentes pueden entrar por la puerta principal, mientras que los turistas lo hacen por la puerta sur, para salir luego por la norte.
Su planta responde al diseño otomano clásico. El patio delantero tiene una fuente de abluciones en el centro y el pórtico que se extiende por tres de sus costados podía utilizarse para la oración, la meditación o el estudio durante el buen tiempo.
Una vez en su interior, se comprueba de inmediato que la mezquita Azul, construida entre 1606 y 1616, más de mil años después que Santa Sofía, carece sin embargo de la audacia arquitectónica de ésta, ya que en su caso son cuatro contundentes pilares los que sostienen la cúpula, una solución menos elegante, aunque menos sólida para resolver el problema.
Asimismo, puede observarse la tribuna imperial, cubierta por una celosía de mármol, que se encuentra a la izquierda; el trozo de la piedra negra sagrada procedente de la Kaaba, en La Meca, que se halla incrustado en el mihrab.
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